Al mediodía, las angostas callejuelas del Tubo de Zaragoza reflejaban el hervor de los 19 años que la selección española llevaba sin pisar la capital maña. Las terrazas teñidas de rojo anticiparon el graderío repleto que lució La Romareda. Allí, a pie de grada, Luis Enrique firmaba autógrafos y chocaba las palmas con chiquillos deslumbrados que ansiaban el inicio del encuentro. Para este, el seleccionador español eligió jugar sin un nueve de referencia. Repitió la fórmula de la semifinal de la Eurocopa con Italia en Wembley y alineó a tres extremos, Ferran Torres, a la derecha, Sarabia, a la izquierda y Marco Asensio como nueve mentiroso.

