A la selección española de balonmano rara vez se le escapa una medalla si la tiene a tiro. En cuanto la ve a su alcance, a la cazuela. Esta vez se encontró enfrente a Suecia y 22.000 suecos en un estadio de fútbol de Estocolmo reconvertido en pabellón. Al inicio de la segunda parte palidecía ante el tiroteo sin tregua de los anfitriones (23-19). Y en la previa habían confesado que las piernas les pesaban. ¿Pero qué más da? Ya se sabe que es el equipo de mil escapatorias, y otra vez lo consiguió. Una segunda mitad perfecta le aupó al bronce en el Mundial (36-39).

