En Tirana, Vladimir en el taxi habla de su abuelo, un ruso también Vladimir, que no pudo llamar a su hijo con el mismo nombre porque entonces Enver Hoxha, el líder único del país, había roto con la Unión Soviética y había prohibido los bautizos con nombres rusos. “Pero cuando acabó Hoxha, mi padre no dudó en bautizarme Vladimir”, dice, y el domingo, en las elecciones generales, votará al socialista Edi Rama, el primer ministro desde 2013. “Es el que quiere Europa. Y nosotros queremos entrar en Europa”. Europa, por ejemplo, es el Giro de Italia, que colorea Albania un fin de semana, aceras de agradables calles arboladas y avenidas de ensanche racionalista y cunetas de viejas carreteras atestadas de jóvenes, gente curiosa disfrutando de un espectáculo insólito en su tierra, una capa de pintura que desaparecerá, desteñida, cuando el último ferry con la carrera zarpe de Durrës hacia Bari el lunes.

