Para España todos los partidos son más que  Finalissimas. Se habló de porteros antes del partido; después, se ató las botas y cayó fútbol del bueno. Así es imposible pelear contra el optimismo. Alérgica al aburrimiento, la selección española trituró a Serbia con tres golazos, dos de Oyarzabal, en estado de excelencia, y uno de Víctor Muñoz, un debutante subido a un cohete. 

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