La fase de grupos de este Mundial ha consumido 72 partidos para eliminar a 16 de las 48 selecciones. Un operativo hipertrofiado, si tenemos en cuenta que para dejar esos 32 restantes en uno, el campeón, sólo necesitaremos a partir de ahora 31. A mí me ha recordado a aquellos torneos de verano que llenaban el mes de agosto para que nos hiciéramos idea de cómo afrontaban los equipos la temporada. Y nos ha dejado unas cuantas sorpresas para animar las conversaciones: sobre todo la clasificación de Cabo Verde y la eliminación de Uruguay, cuyo impacto se ha reducido a las intemperancias de Bielsa, enfangado hasta el ridículo en su papel de genio incomprendido.

