Cuando se hace deporte en solitario puede suceder un pequeño milagro: que aparezca una idea. En algún momento del ejercicio, la mente alcanza un estado de nitidez tan alto que permite ver detalles que ni tan siquiera se podrían atisbar desde el sofá de casa. Es como un destello. Aparece de repente, ofreciendo soluciones para asuntos enquistados desde hace tiempo o aportando una frase brillante. El problema es tener la memoria necesaria para guardarla y anotarla una vez terminada la carrera. O hacer un ejercicio de practicidad, bajarse un segundo de la bicicleta o detener el trote y apuntarlo todo en el teléfono móvil.

