Había firmado una actuación bastante discreta en su última titularidad, en la visita del Oviedo al Metropolitano. Y tampoco su entrada tuvo mucho efecto en el Camp Nou, donde perdonó el empate inexplicablemente con todo a favor, en San Mamés o en Eindhoven. Sin embargo, tras sustituir a Julián y después de que el Valencia igualara el partido, Griezmann salió al rescate del equipo con una genialidad como la de tantas en sus 468 presencias con el Atlético. Pinchó un balón en el área, se hizo un llavero con Foulquier y fusiló a Agirrezabala para dejar el triunfo en casa. A sus 34 años, un poco de Antoine, cada día más imprevisible, puede seguir siendo mucho.

