El entusiasmo también marca diferencias en el fútbol. Y más en una cita de un partido de competición terciaria como la Liga de Naciones, plantada en este fin de curso para la que los jugadores han tenido que reconectarse después de una semana de vacaciones. Hubo más ardor que juego fino en el derbi ibérico, finiquitado en tablas porque España no cerró el partido en las áreas. Ni para aumentar la ventaja que le dio el gol de Morata, ni para evitar el de última hora de Portugal. Tuvo ocasiones para ganar, pero también las concedió para perder. Tuvo buenos tramos España, pero también lagunas que terminó por pagar.

