Ahora mismo no hay un equipo futbolísticamente más generoso que el Barça. La mayoría de sus partidos son tan divertidos como emocionantes y nobles porque su propuesta es radicalmente infantil: gana el equipo que marca más goles y no se para de jugar hasta que el árbitro pita el final, momento en que el niño ya no tiene tiempo de ir a por el pan que le había encargado mamá a cambio de poder salir con la pelota a la Plaza Mayor.

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