Se llama Gonzalo Bueno, tiene 19 años y abandona la pista de entrenamiento del Pala Alpitour de Turín más feliz que unas castañuelas. “Esto es increíble”, introduce mientras la marabunta se dirige en la dirección opuesta, por donde el personal de seguridad dibuja un pasillo con los cuerpos para que Carlos Alcaraz y los componentes de su equipo puedan retirarse a otra estancia sin complicaciones. En una realidad completamente distinta a la del murciano, pese a tener solo un año menos que él, el joven tenista cuenta que es de Trujillo, al norte de Perú, y que comenzó a jugar porque un día un profesor le vio talento y él quería seguir los pasos de su hermano. Ahora, de repente, se encuentra en la bella Italia y peloteando con Alcaraz, que le ha escogido como sparring para las tres últimas sesiones.

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