Hay un ritual diario en las playas que comienza justo cuando el sol se pone y el cielo se llena de colores inimaginables, esos rojos, violetas y naranjas casi irreales. Justo cuando las sombrillas y los bañistas comienzan a replegarse como soldados de un pelotón venido a menos, los chavales se extienden en formación por la orilla con un balón en la mano para iniciar las pachangas.

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