“Ayuso ya está en modo competición”, dicen en su equipo el UAE, cuando realmente quieren decir que está en modo Pogacar, el líder del equipo, el crack que marca el camino que Juan Ayuso, 20 años aún, sigue acelerado, y ataca en el Albula interminable, el puerto más bonito de la Vuelta a Suiza, dicen, de un país en el que todos los pasos alpinos son hermosos. Ataca al grupo de los favoritos, Gall, Skjelmose, Bilbao, Bardet… Remco ya no está, ya ha empezado a subir a ritmo cuando, cubierto 20 kilómetros de los 24 que llevan a los ciclistas desde los 900 metros hasta los 2.315 metros del hospicio y el lago Albula, ataca Ayuso. Con dos pedaladas, a 37 por hora, tantos vatios, 700 en el momento del cambio de ritmo, 400 de media los 24 kilómetros, a 22 por hora, alcanza a los tres últimos fugados; con unas pocas más abre un hueco rápido de un minuto en la cima con los mejores, y lo mantiene en los 10 kilómetros finales de descenso hasta La Punt, no tan lejos de Sankt Moritz, en repetidas hasta el aburrimiento curvas de horquilla y tirabuzones.

