<strong>Cuesta encontrar una explicación racional a los asombrosos y frecuentes golpes de efecto del Madrid en Europa</strong>. Contagiados de sus hermanos de la sección de fútbol, esta vez fue el equipo de baloncesto quien protagonizó la explosiva hazaña de la semana, volteando un 0-2 tras levantar una losa de 18 puntos abajo en el ‘match ball’ frente al Partizan. Una mezcla de estupefacción y éxtasis se apoderó del Wizink. Los blancos lo habían vuelto a hacer. Empieza a no ser noticia. Creo que la explicación más simple y realista reside en uno de los eslóganes que corea la afición: «Hasta el final», convertido en un dogma de fe inquebrantable. Rendirse no es una opción. Y cuando esto da sus frutos resultan extremadamente jugosos y deslumbrantes.

