No sé cuándo lo escuché la primera vez. No sé tampoco a quién se lo escuché, tal vez Camacho, tal vez Arconada, ni en qué situación. Sí sé que aquel grito, aquel lema que salió del fondo del vestuario, me acompañó toda mi carrera y aún sigue conmigo. Yo era un becario en la Selección española, uno de los que llegaba desde la selección sub 21 y que prestaba atención a cada mensaje, a cada frase, a cada gesto de los más veteranos. Aquella afirmación que llegaba en un vestuario al que le invadían los gritos de la afición rival, debía ser uno de esos “infiernos futbolísticos”, me pareció un compendio de todas las filosofías. Era algo así como (ya ven, no tengo ni la frase exacta): “Vamos chicos, que lo más grande que existe es callar a todas esas gargantas y disfrutar de ese silencio que significa que hemos ganado”.

