Hay una frase que resuena en el vestuario del Barcelona. “¡El Wolfsburgo siempre está!”, exclama Marta Torrejón, una de las capitanas azulgrana. Aunque se las juzgue eternas, tan antiguas como el fútbol practicado por mujeres de forma profesional, la realidad del Wolfsburgo se parecía a un cuento de hadas cuando sorprendieron en su primera final de Champions en 2013 ante el poderoso Olympique de Lyon, que sumaba 95 partidos invicto. Las francesas llegaron en avión privado y vestidas de traje, mientras que las alemanas llevaban su clásico chándal verde con el logo de Volkswagen. El problema era que la UEFA no permitía a ningún patrocinador que no estuviese autorizado. Pero las muchachas del Wolfsburgo no tenían más atuendos. ¿La solución? Tapar con la mano la publicidad al bajarse del autobús. Otra época para Las Lobas, así se las conoce; no para el fútbol alemán, histórico animador de la Champions femenina (nueve títulos, el país que más Orejonas suma).

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