Bueno de día y malo de noche, firme en la Liga y asfixiado en la Champions, el Villarreal viajó ayer a Dortmund con la ventaja que proporcionan los caminos sin bifurcaciones. Con un punto conseguido en las cuatro primeras jornadas de la fase de liguilla, el equipo español tiene la certeza de que el último tren hacia los dieciseisavos de la Champions pasa por el viejo Westfalenstadion, probablemente el campo más caliente de Europa, escenario hoy (21:00 horas, Movistar) de un partido de consecuencias irrevocables. Una derrota supondría la eliminación aritmética del Villarreal. Un empate le brindaría esperanzas de alcanzar los 11 puntos, los que sirvieron de listón de criba el año pasado. Le quedarán para ello otras tres jornadas de liguilla, suponiendo que derrote al Ajax, al Copenhague y al Leverkusen, algo equivalente a un cambio radical de tendencia.

