Pépé y Altimira le cerraron la puerta. Pero era una puerta abatible. Mario García se les metió en la cocina y entregó la pelota a Juan Carlos Arana en el fogón. En medio del área, el fornido jugador de Las Palmas, joven con cresta de gallo, delantero del Racing, recibió el balón con toda la convicción. De espaldas a la portería. Como si tuviera plomo en los pies y muelles en las suelas de las botas. Un impulso con derecha para engañar a Foyth, otro con la izquierda para recortar con un latigazo de cintura, y otra vez un punterazo de izquierda para superar a Arnau Tenas. Golazo. 1-0 en el marcador y malas vibraciones para un Villarreal que procesó mal el contratiempo y ya nunca se recuperó.

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