Las restricciones de la pandemia me generaron un sentimiento de frustración como aficionado. El CD Lugo lo estaba pasando mal, con el abismo del descenso cada vez más cerca, y yo no podía hacer nada. Las gradas se cerraron y no podía ir al campo con mi megáfono, como cada 15 días, y empujar al equipo desde mi asiento. Algo que vengo haciendo desde que mi madre, hace ya 30 años, empezó a llevarme al Anxo Carro cuando aún iba en un carrito de bebé. Como no estaba dispuesto a dejar a los futbolistas solos jugándose el todo por el todo empecé a darle vueltas a la cabeza para ver cómo apoyarles. Hasta que se me ocurrió una idea: llamaría a personalidades del fútbol y de fuera del fútbol para que les mandaran vídeos de ánimo.

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