El Real Madrid sacó adelante un compromiso exigente sin resolver muchas de las dudas que le acosan, especialmente ante rivales de la alta sociedad continental. Tuvo ráfagas irresistibles en las que mereció un triunfo holgado, con Di Gregorio hecho un gigante, pero no supo cerrar las transiciones italianas hasta el punto de convertir a Courtois en figura. Güler dirigió el juego con acierto, y Bellingham firmó el gol que descorchó su mejor actuación en tiempo. Buena noticia para lo que está por venir.

