El videoarbitraje condenó al Inter por un agarrón superfluo de Bastoni y una exageración evidente de Wirtz, y así, con un penalti decretado de forma evidentemente arbitraria concluyó un partido inane, una recolección de actividades burocráticas defensivas, un bodrio. Ganó el Liverpool merced a ese penalti y el 1-0 de San Siro alivió la crisis política, institucional y administrativa que desencadenó Mo Salah cuando este domingo acusó públicamente al club y a su entrenador de traición por privarle de la titularidad tres veces seguidas. La victoria rebaja la presión y el estrépito mediático y prácticamente asegura la clasificación a la siguiente ronda de la Champions gracias a los 12 puntos sumados.

Seguir leyendo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *