Una de las razones por las que el baloncesto es tan maravilloso es porque no hay dos partidos iguales y porque los prónósticos son a veces papel mojado. Apenas 24 horas después de un Barça-Joventut visto y no visto (100-67), el Valencia sudó sangre para tumbar a un aguerrido Joventut (118-117) que sólo claudicó en la prórroga de uno de los partidos más espectaculares, impresionantes y emocionantes de esta temporada, toda una sinfonía de buen juego en el majestuoso Roig Arena.

