El Valencia anda tan falto de fe que su mísero triunfo en Elche, el lugar de donde casi todos salen satisfechos, le pareció algo especial, el inicio de su remontada para salir de los puestos de descenso. Pero el Valladolid solo necesito seis minutos, seis, para demostrarle a su rival que esa victoria era una baratija. El equipo de Rubén Baraja, rendido a su rival en la primera mitad, tiró de garra en la segunda, como si ya solo valiese dar un paso al frente, sin importar demasiado cómo, y, espoleado por su afición, entregada a la causa del primer minuto al último, logró una remontada que le permite saltar tres puestos en la clasificación y cruzar, al fin, a falta de siete partidos, la frontera que el domingo, en Cádiz, puede dejar definitivamente atrás.

