Decía Lucas Robertone en los días previos a este partido, crucial para definir qué tres equipos tienen que salir de la Liga, que el Valencia, al contrario que el Almería, que es vecino de los bajos fondos, no está acostumbrado a esta situación angustiosa que es vivir semana tras semana asomado al abismo. El argentino del Almería sabía de qué hablaba: en cada pase del equipo valenciano, históricamente un buen cliente de la Champions, solo un ejercicio en Segunda, se sentía la gravedad, el peso de la responsabilidad. Mientras que el Almería cedía el dominio, desacomplejado, con la esperanza de que saliera su número en la lotería de los contragolpes.

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