El primero que rompió a llorar no fue el campeón. Cuando el error en el putt de Will Zalatoris en el hoyo 18 hizo imposible el desempate y convirtió a Matt Fitzpatrick en ganador del US Open, el joven inglés con cara de niño miró a su derecha. Las lágrimas ya mojaban los ojos de su caddie, Billy Foster, que se tapaba la cara con la gorra. En ese llanto no se escondía solo la felicidad por el primer grande de su jefe, Fitzpatrick, sino la emoción de una recompensa inesperada a toda una carrera. Para Foster era también su primer título de Grand Slam, cumbre a sus 58 años de una silenciosa trayectoria en la que ha llevado la bolsa de palos a Severiano Ballesteros, Tiger Woods, Sergio García, Lee Westwood, Darren Clarke y Thomas Björn.

