Enfilado como va hacia el estrellato del Mundial, todos miran hacia Kylian Mbappé, que ante Polonia recogió su tercer trofeo como mejor futbolista de los cuatro partidos que ha disputado con la selección francesa. Apenas falló en el duelo contra Túnez, del que solo jugó media hora. Las tres veces repitió sutil, pero no inadvertido, un gesto: el jugador, que no quiere que se asocie su imagen a la de bebidas alcohólicas, entre otras, recogió el trofeo y posó con él tras darle la vuelta para que no se viese el logotipo que alberga en su base, el de la cervecera norteamericana Budweiser. Esta ya tiene problemas con la FIFA, a la que paga 75 millones de euros por patrocinios y que ahora valora la reclamación de más de la mitad de esa cantidad por la prohibición de que su cerveza se pueda beber en los estadios cataríes.

