A principios de la primera década del pasado siglo, el boxeo estaba en plena ebullición. <strong>El deporte acababa de empezar a hacerse fuerte en países no anglosajones, como España, Argentina, Cuba, México o Uruguay</strong>, y cientos de miles de personas comenzaban a practicarlo en todo el mundo. Desde esa óptica, Estados Unidos, nación siempre pionera, fue un paso más allá y comenzó a organizar combates entre los mejores púgiles de América y Europa.

