Hay frases que no se diluyen con los años. Roberto Ríos (Bilbao, 54 años) recuerda una sin elevar la voz, casi con la serenidad de quien ha terminado de comprender el contexto más que el gesto: “Ponte de acuerdo con el Athletic, que te he vendido”. No hubo negociación posible. Ni margen. Ni transición. Solo una decisión tomada en un despacho que cambió el rumbo de su carrera y simbolizó una época del fútbol español. Aquella operación —2.000 millones de pesetas, unos 12 millones de euros— convirtió su traspaso del Betis al Athletic en el más caro del momento. Pero, sobre todo, dejó al descubierto un modelo: el jugador como pieza, no como sujeto.

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