Una llamada telefónica desde la región del Piamonte, toda vez que quería completar el trío de grandes por la región (ya acogió al Tour y es habitual en el Giro), puso en marcha la maquinaria, encantado el director general de la Vuelta a España, Javier Guillén, de poder atravesar los Alpes y de seguir internacionalizando el producto, pues en los últimos cuatro años se ha salido desde Países Bajos, Portugal y ahora Italia. Quedaban definir las dos patas que sustentan la ronda. “La deportiva, que es cómo vamos a desarrollar la carrera; y la logística, que es cómo vamos a hacerla posible”, resuelve Guillén. Un trabajo mastodóntico, ya que no es sencillo desplazar una burbuja de carrera que ronda las 3.500 personas entre organización, equipos, patrocinadores, medios de comunicación, policías… Además de todas las estructuras, carpas y contenedores, también las vallas y señales, entre otras muchas cosas. “Ha salido muy bien, de maravilla”, conviene Guillén, ahora que el otro pelotón deja Italia.

