Hace unos meses, el col du Haag era un camino forestal destrozado e impracticable para las bicicletas, escondido bajo la espesura de los Vosgos. Este sábado será uno de los grandes escenarios del Tour de Francia. El asfalto ha transformado aquella pista en una vía ciclista, con los seis últimos kilómetros cerrados al tráfico motorizado, y la carrera ha encontrado un nuevo muro para agitar la decimocuarta etapa: 11,2 kilómetros al 7,3 % de pendiente media con rampas capaces de hacer mucho más daño del que anuncian sus cifras.

