En tiempos frenéticos, información que se digiere y se expulsa rápido de la cabeza para hacer sitio a lo que llega, mil noticias por segundo, el ciclismo vive, obliga a reescribir lo mil veces escrito, a recordar siempre lo que nadie olvida, los hechos del pasado, las vidas de sus santos, sus milagros, sus paisajes, y, así, su biblia. No es nostalgia. Es la esencia del ciclismo. Palabras que nunca se agotan.

