Aunque se lo bailó desde fines del siglo XIX, al tango recién se le puso letra en las primeras décadas del siglo XX. La Argentina era entonces una sociedad que se transformaba velozmente. Millones de inmigrantes europeos llegaban con la idea de hacer dinero, progresar y, en el mejor de los casos, regresar a sus lugares de origen. Muchos lo consiguieron. Muchos más aún se quedaron al otro lado del mar y prosperaron. La crisis mundial de 1930 torció, en parte, ese sueño de progreso y ascenso social. Y las letras de tango reflejaron (con exquisita pertinacia) la melancolía, la frustración, la derrota, la soledad y la desesperación de un conjunto de seres humanos que sentían que habían extraviado el rumbo de sus sueños.

