Roland Fosso (36 años) cruzó la valla de Melilla en mayo de 2005. Lo logró en su quinto intento. Habían pasado dos años, siete meses y dieciocho días desde que partió de la casa de su padre en Bamenda, al noroeste de Camerún, y atravesó 12 países hasta llegar a España. “La muerte de mi madre fue determinante: fue como perder un brazo, uno que todavía sigo buscando”, explica Fosso sobre los motivos de su partida. Unos minutos después de la entrevista volverá a contar su historia ante un auditorio lleno de chavales que viven en La Masia del F.C. Barcelona, el equipo de su vida. Lo han invitado para dar una charla formativa bajo el título El deporte como medio para la integración social, una de las actividades del club por el Mes Europeo de la Diversidad. “El fútbol me abrió las puertas para relacionarme cuando no hablaba ni el idioma”, defiende. En concreto, fue cuando empezó a jugar en el F.C. Casablanca, de Sant Boi de Llobregat (Barcelona). Pero esto será el final de la historia.

