El sueño imposible de Gonçalo Ramos
Fuente: El País Original en elpais.com
Con 4-1 y una hora de juego, la sección portuguesa de la grada de Lusail se acordó de que Cristiano Ronaldo no estaba sobre la hierba. Y lo invocó: “¡Ronaldo, Ronaldo!”. Una vez. Dos veces. Tres veces. En las pantallas apareció el atacante, enviado al rincón de pensar por el seleccionador después de insultarle cuando lo cambió en el partido contra Corea. Apretaba la mandíbula, consciente de que todos lo miraban.