Debe ser difícil entrar en el vestuario del Real Madrid como entrenador y no pensar: "Voy a ganarlo todo". Llegar a ese puesto, y más como interino, debe producir un efecto parecido al del Síndrome de Jerusalén, un trastorno que hace creer a quienes visitan la ciudad que son poco menos que el nuevo Mesías. Pues con el banquillo del Bernabéu pasa lo mismo. El que se sienta ahí y ve la plantilla que tiene debe visualizarse inmediatamente en la pasarela que rodea a La Cibeles, con una Champions entre las manos mientras le caen papelillos blancos del cielo y suena el 'We are the champions'.
La jornada · domingo, 22 de marzo de 2026
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