No fue la mejor versión del Sevilla. Suficiente, no obstante, para hurgar en la herida de un Valencia digno, que peleó hasta el final, pero que es un equipo con tremendas carencias técnicas tanto en ataque como en defensa. El Valencia, por ejemplo, concedió un gol impropio de la élite al dejar rematar solo a Iglesias en el minuto 81 dentro de su área. Tres minutos antes, Otorbi había enviado el balón a la escuadra en la única opción de ataque de su equipo. Carlos Corberán se tambalea en el banquillo. Quizás no sea el gran culpable de la situación de un equipo descompuesto, lleno de bajas, de escasa pegada. El problema es mucho más profundo. No es algo que incumba al Sevilla, que supo ganar el partido para llegar a unos magníficos 10 puntos y colocarse en la tercera posición de la tabla. La alegría vuelve a Nervión, donde parece que la suerte ha cambiado en esta temporada.

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