«<em>Viento de popa, sueño de estribor, qué más da quien sople, si el que navega soy yo, buscando tu tesoro, y tú llevas el timón y a la deriva y a la deriva…</em>». Más de uno se ha dejado la garganta durante la pasada <strong>semana de Feria</strong> entonando uno de esos himnos que perduran con el paso de los años y sacan ese cantante frustradísimo (a Dios gracias) que todos llevamos dentro. Me viene a la mente este tema interpretado por <em>Algiva</em> por esa sensación de <strong>barco sin rumbo que transmite el Sevilla </strong>desde hace tiempo. Una embarcación que debía haber llegado a puerto hace semanas, con alguno de esos puntitos que le han volado en su cara y en su campo. Se ve que la temporada de los sinsabores estaba destinada a <strong>terminar de la forma más dramática posible</strong>. Ya veremos si el drama <strong>concluye con una tragedia</strong> que nadie imagina pero todos piensan. No existe un sevillista al que no se le erice la piel aterrorizado por lo que llega y lo que queda. <strong>Dos partidos. Un punto</strong>. Debía de parecer sencillo ante dos rivales que quizás no se jueguen demasiado. Sacando un empate ante <strong>Atlético o Athletic</strong> estaría la papeleta solucionada, puesto que ni los más optimistas ven al <strong>Betis dejándose algún punto</strong> (ahora que le han vuelto a subir al tren de las opciones Champions) ante <strong>Granada o Real Madrid</strong>, con los cinco sentidos en la final frente al <strong>Liverpool</strong>. Decir que esto no se veía venir sería mentir como bellacos. <strong>Al Sevilla hace tiempo que le abandonó el fútbol </strong>y es un <strong>manojo de nervios</strong>. No se puede dudar de la entrega mostrada frente al conjunto bermellón. El equipo se dejó todo sobre la hierba. Conclusión: <strong>no se puede sacar de donde no hay</strong>. Y ahí está el problema. Que ni por esas. El único plan de ataque lo defienden equipos semiprofesionales cargando únicamente el área con efectivos. Un rival con algo de picardía a la contra hubiese fulminado a un Sevilla que ha entrado en <strong>su particular Champions. La del miedo, las prisas y la desesperación</strong>. Sin aplicarse eso de «<em>vísteme despacio que tengo prisa</em>».

