<strong>Al Sevilla no le ha sentado nada bien el fin de semana en Inglaterra</strong>. Las dos pruebas del fin de semana han salido cruz. En la <strong>derrota por la mínima ante el Leicester</strong>, al menos el equipo mostró las <strong>constantes vitales perdidas en la goleada frente a Arsenal</strong>. Aun así, estos dos partidos son de los que <strong>hacen que un entrenador y su director deportivo se sienten </strong>y reconozcan <strong>qué le falta al equipo</strong>. Dos fichajes, como reconocía el propio <strong>Monchi</strong>, son prioritarios. Pero no los únicos. El equipo necesita <strong>más empuje y piernas en el centro. Lo ve un ciego desde hace un año</strong>. Los que mandan también deben verlo. De no llegar es evidente en quién debe caer la responsabilidad. No sólo se miraría al banquillo. Una posición que ocupa <strong>Julen Lopetegui</strong>, quien colocaba un <strong>once completamente distinto al del desastre del Emirates. Así estaba planeado y lo cumplió</strong>. Sólo podían repetir los canteranos que entraron en el segundo periodo. Alguno de ellos, como el central <strong>Kike Salas</strong>, de las pocas sorpresas positivas. Viendo lo sucedido ante el Arsenal, el entrenador del Sevilla apostó por cambiar de dibujo y cerrar las posibles vías de agua. <strong>Gudelj</strong> se quedaba como eje de la zaga, acompañado por Salas y <strong>Montiel</strong> en la derecha. <strong>Ocampos se quedaba con el carril, con Suso por delante metiéndose por dentro</strong>.

