El rugby ha modificado sus reglas en la última década para reducir los golpes en la cabeza y evitar las secuelas tras años de impactos, pero el cambio de paradigma llega tarde para muchos. A finales de los noventa y principios de siglo, este deporte tenía jugadores cada vez más rápidos y de mayor envergadura sin la protección del reglamento. Una vez retirada, esta generación ha pagado unas secuelas que no solo afectan a la élite. Tras la denuncia en noviembre de 225 jugadores profesionales a las federaciones inglesa y galesa, además de World Rugby –el órgano internacional de este deporte– en noviembre, un grupo de 55 amateurs han iniciado otro proceso paralelo con la misma argumentación: la gobernanza del rugby fue negligente a la hora de protegerles de lesiones neurológicas durante sus carreras.

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