El 2 de abril de 2011 me enamoré por segunda vez. Futbolísticamente hablando, claro. En Lanús, una ciudad de la provincia de Buenos Aires, me puse a ver en televisión un partido entre el Real Madrid y el Real Sporting de Gijón. En aquel momento Mourinho dirigía al Real y solían ganar casi todos los partidos con una diferencia holgada. Pero ese día fue diferente. El equipo ‘grande’ cayó a manos de un pequeño por el que empecé a sentir cada vez más simpatía hasta convertirme en un aficionado más que no se pierde ni un partido. El Sporting, junto con el Racing de Avellaneda, se ha convertido en parte fundamental de mi vida.

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