La jornada siguiente al Día de los Enamorados, el 15 de febrero, los madridistas desplazados a París para asistir a la ida de los octavos de final de la Champions recibieron a Kylian Mbappé en el Parque de los Príncipes como si ya fuera suyo. Una hora antes del partido, el equipo local inició el calentamiento junto a la esquina donde se ubicaban los aficionados españoles y estos desplegaron un amplio catálogo de cánticos para un futbolista que, según su convencimiento, solo el tiempo le separaba del Bernabéu. El público francés asistió con indiferencia a la escena y el delantero continuó a lo suyo. Tres horas más tarde, en el minuto 94, Mbappé abatía al Madrid desde ese mismo córner de los afectos después de un largo asedio personal, pero ni siquiera la derrota en el último segundo (1-0) pareció afectar al amor de la hinchada blanca por el chico de Bondy. Seguía siendo cuestión de tiempo que fuera suyo, pensaron.

