El Madrid se lo tomó en serio, Ancelotti no se dejó nada y Vinicius, sin mordazas por delante, se dedicó al fútbol, sin más fregados. Suficiente para que el cuadro español despachara al egipcio Al Ahly, que le dio más lata de la prevista pese al marcador final. Un equipo referente en África, pero, aun con todo su empeño, siberiano todavía para afrontar un órdago europeo. La lógica, el Real a la final del diminutivo Mundialito, bien llamado así por la demoscopia popular. Lejos del pomposo campeonato que propaga la FIFA, un torneo de obligado cumplimiento para clubes como el Real. Una cita con fórceps en el calendario, con más gancho para la FIFA y equipos con más alma que fútbol. El Al Ahly, por ejemplo. Para estos clubes, otra vez la realidad fue la escoria de la ilusión, por mucho que se viera en el partido hasta el último envite de su adversario español.

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