Subido a una escalera, un operario del Buesa le pasa la bayeta con cristasol al tablero de metacrilato; lo deja como los chorros del oro, que cualquiera sabe de dónde sale la expresión, aunque lo mismo da, porque es verdad que parece la pared invisible de cristal en la que se apoya un mimo, que está pero no está. Entonces aparece el Madrid en la cancha para calentar, 12 hombres sin piedad, y es recibido con silbidos, ¿Será por la posibilidad de que el trabajo del operario se desluzca a base de pelotazos o las huellas de esas inabarcables manazas de baloncestista?

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