Reece James, la sobria viga maestra del Chelsea, no estaba en la alineación. La noticia de la baja por lesión del capitán inclinó la eliminatoria más cargada de jerarquía que presentaron los octavos de la Champions. Después del 5-2 de la ida en París, al Chelsea solo le restó invocar a la heroicidad y rezar para que algún accidente le favoreciera ante un Paris Saint-Germain que cruzó el Canal de la Mancha inspirado por un sentimiento de revancha.

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