Luis Enrique transportó al Paris Saint-Germain a su tercera semifinal consecutiva de Champions con la ayuda inestimable de un centro del campo de época y una defensa infranqueable. El equipo francés se impuso 2-0 en la ida y repitió victoria en Anfield, un campo al que le tiene tomada la medida, lo mismo que se la tomó a Villa Park, y a Stamford Bridge a lo largo del último año, un año esplendoroso. No hay un equipo que juegue mejor al fútbol en Europa que el vigente campeón. La invocación mediática y popular a los poderes mágicos del Liverpool en su estadio de leyenda no hizo más que acentuar la preeminencia del PSG ante un rival insuficiente. El presente del Liverpool es sombrío. Quinientos millones gastados en fichajes el último verano no han bastado para dulcificar la transición.

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