
Al pequeño Miguel sus tíos le hinchaban la cabeza con la grandeza del campionissimo Coppi, la potencia del caníbal Merckx, la elegancia de maître Jacques Anquetil, la resistencia infatigable de pou-pouPoulidor, la clase del todoterreno Gimondi, el talento clasicómano de Bobet, la fuerza innata de Bartali o el arrojo suicida de Ocaña, rebelde frente a todo y frente a todos, rebelde incluso frente a él.

