Durante décadas, el lactato tuvo mala fama. Era la palabra maldita del esfuerzo. El fantasma que aparecía cuando las piernas ardían, cuando el puerto se hacía eterno y cuando el cuerpo empezaba a gritar basta. En el lenguaje popular del ciclismo, lactato significaba sufrimiento. Fatiga. Castigo. Derrota. Pero el alto rendimiento vive de derribar dogmas. Y ahora, en pleno Tour de Francia, el lactato empieza a cambiar de bando.
La jornada · viernes, 10 de julio de 2026
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