Asistentes al Fan Fest instalado en el Zócalo capitalino en Ciudad de México, el 18 de junio.

México es un país profundamente desigual. Esta característica se manifestó de manera muy clara durante los 13 partidos del Mundial 2026 que se jugaron en nuestro país. La forma más evidente fue la segregación que se dio entre aquellos pocos que pudieron pagar un boleto para acceder a alguno de los estadios mundialistas y aquellos que no pudieron darse ese lujo. Para vivir y disfrutar del Mundial en su propio país, la gran mayoría de los aficionados mexicanos terminaron siendo desplazados por razones económicas hacia las plazas públicas. Este fenómeno, que seguramente había estado presente en los otros dos Mundiales que se jugaron en México, parece haberse exacerbado en esta ocasión. Considero que hay al menos tres factores que lo explican: uno del lado de la oferta, otro del lado de la demanda y uno más del mecanismo de interacción entre una y otra. Veamos cada elemento por separado.

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