Se preguntaría el bueno de Aursnes el motivo de que repitiera él, y sólo él, respecto al once que Noruega había alineado en el partido anterior. Porque Solbakken se puso el Mundial por montera con una alineación completamente nueva, la excepción confirmaba la regla, llevándose por delante ya de paso el esperado pulso entre Mbappé y Haaland. Hubiera necesitado el combinado escandinavo un triunfo para liderar el grupo, lo que permite alimentar la sospecha de que el del banquillo da por buena una segunda plaza que, según el fútbol ficción, conduce hacia Brasil en octavos.

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