En Miranda de Ebro viven en una nube. La ciudad ferroviaria, nudo de comunicaciones que decían los libros de texto de los años setenta, la fábrica de los trenes Talgo en territorio vasco aunque apenas a cuatro kilómetros del centro de la ciudad; esa Calle de la Estación en la que tenía sus oficinas hasta hace poco el Club Deportivo Mirandés que está a dos pasos de ascender a Primera División, con permiso del Real Oviedo, claro, que no es cuestión baladí.

