El miedo atenazó al Sevilla. Miedo en la mayoría de sus jugadores, miedo a perder, un estado de ansiedad que marca a las claras el estado anímico de un equipo muy tocado. Todo es previsible en el juego del Sevilla salvo cuando entra en acción Isco, cada vez más cansado con el paso de los minutos en Copenhague y sin poder acabar el choque. Un equipo en construcción, donde Julen Lopetegui improvisa constantemente con futbolistas que se encuentran fuera de forma, haciendo prácticamente la pretemporada. Un Sevilla sin pegada ni desborde, atado a dos canteranos como Carmona y Salas y a lo que invente Isco. Un conjunto, en definitiva, sin recursos en ataque, que fue incapaz de imponerse al modesto Copenhague y que se tuvo que conformar con un discreto empate a cero.

